La ansiedad anticipatoria es aquel malestar que sentimos cuando pensamos que algo malo pasará, es decir, la angustia que aparece cuando nos anticipamos a los acontecimientos con cariz negativo, de una forma pesimista, a la espera de la catástrofe. De hecho, como toda ansiedad, la ansiedad anticipatoria no deja de ser una defensa, como el miedo, porque nos avisa de un peligro o de aquello que nosotros percibimos como peligro. Ansiedad sentimos cada vez que tenemos un susto. La sentimos, por ejemplo, cuando vamos por la calle escribiendo un whatsapp sin fijarnos que atravesamos una calle y, de golpe, escuchamos bien fuerte el claxon de un coche, o la sienten las cebras cuando viene el león! Si no fuera así, a nosotros nos atropellaría el coche y a las cebras se las comería el león sin tener que correr para cazarlas. Ahora bien, cuando se convierte en irracional y continuada, pasa de ser defensa a ser desadaptativa por sí misma.
Ocuparnos de los acontecimientos futuros está bien, y preocuparnos por ciertas cosas, inevitable, pero preocuparnos en exceso por unos hechos que ni siquiera sabemos si sucederán, es totalmente irracional. Y pues, porque lo hacemos? Lo hacemos, sencillamente, porque de forma inconsciente nos estamos preparando para la catástrofe. El que hace, erróneamente, un individuo pesimista, es intentar elaborar un plano futuro de forma que cuando aquella tragedia llegue, pueda decirse “bien…ya lo sabía!”.
Veremos porque es erróneo con un sencillo ejemplo. Imaginamos un adolescente que sale de un examen y dice que le ha ido mal. Qué está haciendo este adolescente tomando esta postura pesimista? Pues prepararse por el suspenso. Aun así, vamos a ver qué opciones tiene y sus consecuencias.
Una posibilidad es esperar con angustia el resultado y suspender. Podrá decir que ya lo sabía, pero, no nos engañamos, el disgusto lo tendrá igual y habrá pasado unos días horribles esperando el resultado. Y, después de todo, si tan seguro está… porque está tan angustiado? Ya sabe el resultado! El mejor que podría hacer, en lugar de continuar tan quitado el sueño, es empezar a poner hilo a la aguja y dejar de esperar el que ya sabe que pasará.
Una segunda posibilidad sería esperar con angustia el resultado y aprobar. Si así fuera, de que le habría servido pasarlo mal?
En resumen, angustiarnos por unos hechos que encara no han sucedido y que, en la mayoría de los casos, sólo existen conjeturas, no nos sirve absolutamente de nada. En todo caso, para perder futuras oportunidades presentes mientras le damos vueltas a futuros e inciertos acontecimientos.
Ya sabemos que a la vida hay descalabros realmente desgarradores pero, en otras muchas ocasiones, las adversidades no son tan dramáticas como creemos. Lo pasamos mucho peor mientras esperamos, imaginando qué nos puede llegar a suceder, o las reacciones más extremas y, el cierto, es que, en la mayoría de ocasiones, no es ni de lejos tan espantoso como suponíamos que sería. A veces es bueno hacernos las siguientes preguntas: qué es el peor qué puede pasar? Y, si pasara, sería realmente tan espantoso?
Además, está demostrado que el noventa por ciento de las cosas que nos preocupan, el noventa por ciento!, no sucederán nunca. Y, si no lo creéis, hacéis la prueba! Apuntad todo aquello doliendo que pensáis que os puede pasar a lo largo de esta semana, o todo un mes si queréis y, pasado este tiempo, comprobáis cuántas se han cumplido.