Mertxe Fernandez

Adicciones y déficit de control de impulsos

Adicciones y déficit de control de impulsos

Impulsividad y adicción son conceptos íntimamente ligados. Entendemos la impulsividad como un patrón conductual en que se obedecen los impulsos, con el resultado de actos repentinos no planificados, inesperados, realizados sin reflexión y sin tener en cuenta las posibles consecuencias, y se trataría del acto contrario a la reflexión. Así impulsividad/reflexividad sería  la menor o mayor tendencia a inhibir respuestas iniciales. Por otro lado, en la impulsividad encontramos siempre tres componentes: carencia de planificación de la conducta, desinhibición comportamental y busca de emociones.

La psicopatología relaciona la impulsividad con una amplia gama de trastornos: de la alimentación, del espectro esquizofreniforme, varios trastornos de la personalidad, TDAH y los específicamente denominados trastornos del control de impulsos dentro de los cuales se encuentran los Trastornos por Abuso de Sustancias.      

Aun así, la administración repetida de drogas modifica el sustrato neurológico responsable de las conductas, lo cual podría reforzar la impulsividad o desarrollarla en alguien que no la mostró con anterioridad. A su vez, el aumento de la impulsividad producido por las drogas en el sistema ejecutivo cerebral incrementa la posibilidad que determinados estímulos desencadenen respuestas automáticas e irreflexivas y hagan más probable el retorno al consumo.

Se podría considerar que la impulsividad es un rasgo de personalidad, una característica, pero es a partir de la educación y del aprendizaje que podemos  aprender a controlarla. La impulsividad favorece la experimentación con sustancias, pero no es el único factor. También contribuye la adicción la falta de autodirección, la carencia de valores,  de hitos y de expectativas, la desorientación,  no tener una adecuada autoimagen o tener una baja autoestima. A pesar de que varios estudios apuntan que hay un componente genético en la predisposición a las adicciones, hay un acuerdo en que el 50% se explicaría a partir de estos factores hereditarios, pero el otro 50% se explicaría a partir de los elementos ambientales y de aprendizaje. Dicho esto, parece lógico pensar que la adolescencia es el periodo clave para consolidar, o no…, todos estos aspectos que acabamos de enumerar, y el paso del control paterno a la independencia es un proceso durante el cual se produce la máxima vulnerabilidad.

Por otro lado, también especialmente importante en el campo de la adolescencia, es la notoria relación de la impulsividad con la busca de sensaciones, lo cual tiene un valor explicativo excepcional, dado que los adolescentes son grandes buscadores de nuevas sensaciones y de refuerzos inmediatos. Por lo tanto, existe un patrón en la adicción comportamental donde juega un relevante papel la impulsividad.

Sin embargo, cualquier persona que atraviese un momento vital caracterizado por la desorientación, la pérdida de valores o una fuerte pérdida de recursos, es vulnerable al uso de sustancias y susceptible de desarrollar una adicción. Y esto es así porque, en un principio, podría parecer que el consumo de drogas se produce por la busca de placer y, de hecho, así sería en los primeros momentos pero, con el decurso del tiempo, la mayor parte de los sujetos adictos no sienten placer al repetir la conducta, sino una liberación de tensión o una reducción del malestar.

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