Mertxe Fernandez

¿Baja autoestima o baja resistencia a la frustración?

¿Baja autoestima o baja resistencia a la frustración?

Autoestima… el gran concepto de nuestro siglo, la clave de la seguridad, el gran filón, la solución a todos los problemas. Parece como si, de repente, tener autoestima fuera lo más importante del mundo o, lo que es peor, cualquier problema, especialmente en niños y adolescentes, es debido a una baja autoestima. Es evidente que tener una alta autoestima es sano y, cuando no se tiene, se debería tratar, pero esto no quiere decir que todo lo que nos pasa, o todo lo que le pasa a nuestros hijos, sea consecuencia de una baja autoestima o, ni siquiera, que exista una baja autoestima.

Aprender a frustrarnos, a aceptar un “no”, es una tarea importante, y que se tendría que aprender de muy pequeños, si queremos que cuando se llegue a la adultez no se tomen los contrapiés y las vicisitudes como auténticos fracasos.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que cuando algo no nos sale como nos gustaría no nos sentimos, precisamente, en nuestro mejor momento. Ya de muy pequeños, nuestro trabajo es conseguir aquello que queremos y, la forma de lograrlo es muy diferente. Un bebé llora: cuando tiene hambre, llora; cuando tiene frío, llora; cuando está mojado, llora; cuando tiene sueño y no se puede dormir, llora. Llorar es la forma que tiene el bebé de comunicarse con nosotros. Con el paso del tiempo, aprendemos que, para conseguir aquello que queremos, no es necesario llorar y, si todo va bien, no solo aprendemos que es innecesario sino que es contraproducente, que no podemos pedir llorando lo que queremos. Con los años, aprendemos también que tampoco podemos conseguir lo que queremos exigiendom, y que nuestras metas requieren un esfuerzo.

Fijémonos ahora en lo que, en realidad, pasa cuando se produce un caso de “baja autoestima”. Cuando un niño pide, los padres responden, habitualmente, accediendo a sus deseos, buscando salidas en sus peticiones, solucionando sus problemas e, incluso, haciéndolas suyass. Más tarde, este niño irá al parvulario, o a la escuela, pero los resultados que obtendrá con la conducta aprendida hasta el momento no serán los esperados: ahora nadie le hará caso, ni le solucionará su dilema y se tendrá que espabilar. Resultado: se frustrará. Pero la frustración no es mala si se sabe cómo gestionar, si se ha aprendido que no todo puede ser cómo nosotros queremos y cuando nosotros queremos. Todo lo contrario, sabremos encontrar otras salidas, soluciones y alternativas. Ahora bien, cuando un niño/a o adolescente no ha aprendido a frustrarse, no ha aprendido a tener un “no” como respuesta, se sentirá mal y, en la mayoría de los casos, generará rabia, tristeza, apatía, desinterés… En definitiva, pocas ganas de luchar porque verá que no puede solucionar aquello que le preocupa dado que no sabe cómo hacerlo porque, hasta el momento, se lo han solucionado los otros.  Todo ello, esta sintomatología, se suele confundir con una baja autoestima, pero, en realidad, no es que no se valore sino, todo lo contrario, lo que piensa es que son los demás los que no lo valoran ya que no sucumben a sus deseos. Las emociones que se pueden llegar a sentir podrían ser las mismas, pero el motivo es muy diferente y la forma de tratarlo, también.

Y ahora, la pregunta: cuando algo os sale mal, vuestra respuesta automática es:

a.- Soy una pena!! ¡No me ha salido bien!

b.- Qué RABIA!! ¡No me ha salido bien!

Si habéis optado por la primera opción, podríais tener una baja autoestima, pero si cuando estáis enfadados vuestra respuesta es la segunda, quizás se trataría de una baja resistencia a la frustración.

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