Mertxe Fernandez

El elixir de la felicidad

El elixir de la felicidad

El estrés laboral es unos de los motivos más frecuentes en la consulta del psicólogo, y las causas que lo originan son de lo más variadas: demasiado trabajo, poco personal para atenderlo, muchas exigencias, malos compañeros, horarios de vértigo, perfeccionismo… También provoca estrés lo que se conoce como la doble presencia, que es el hecho que recaigan sobre una misma persona la necesidad de responder a las demandas del espacio de trabajo doméstico-familiar y a las demandas del trabajo asalariado, dificultando poder responder a ambas demandas cuando se producen de manera simultánea.

En algunas ocasiones, nos gustaría poder reducir nuestra jornada laboral para podernos quedar más tiempo en casa, aprender idiomas, estar con nuestros hijos, tocar el piano, apuntarnos a un curso de magia, salir a pasear, mirar las musarañas o dedicar un poquito, aunque solo sea un poquito en nosotros mismos. Para lo que sea, pero tener más tiempo.

A partir de aquí aparece la famosa frase enemiga “no puedo”: no puedo ir al gimnasio, no puedo apuntarme al curso de magia, no puedo dedicar todo el tiempo que querría a mis hijos… Y en principio no podemos – y a estos casos me refiero – porque una reducción de nuestra jornada laboral supondría, evidentemente, una reducción de ingresos, y eso sí que no nos lo podemos permitir.

¡Pero que no cunda el pánico! ¡No nos preocupemos! ¡Para eso tenemos nuestro elixir de la felicidad!

Imaginamos que, en la tienda de la esquina, bien cerquita, ni siquiera perderemos mucho tiempo a llegar – porque tiempo ya hemos visto que no tenemos…- venden un elixir con el cual conseguimos la felicidad. Una felicidad real ¿eh?, de tocar con los pies en el suelo… milagros no!

Con este elixir logramos una felicidad que nos permite estar más tranquilos, dedicarnos a las cosas que nos gustan, que nos apetecen, estar más con la familia y practicar los trucos que hemos aprendido en el curso de magia… Hacer aquello que antes decíamos que no podíamos. En resumen, tener más tiempo. No más dinero, pero sí más tiempo.

¡Pagaríamos para tener más tiempo! ¡Oh! Y tanto que pagaríamos para tener tiempo porque, además, el tiempo es una cosa que todavía no se puede comprar… ¿Verdad? Supongamos que este preciado elixir nos cuesta 100 € cada mes. O quizás incluso 200 €, pero, aun así, posiblemente también los pagaríamos. Y, además… ¡quá a gusto lo pagaríamos!

En definitiva, pagaríamos para tener más tiempo, pero no renunciamos a salario para tener más tiempo…

Gran incongruencia que, aunque parezca mentira, sucede demasiado a menudo.

Y ahora, quien tenga tiempo y ganas, se puede leer la historia del pescador y el empresario que, expresado de otra forma, viene a decir más o menos el mismo.

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