Resulta alarmante que por cada suicidio consumado existen, al menos, 20 intentos
Los principales factores que están asociados al hecho que pueda existir una probabilidad de suicidio son: el trastorno mental, especialmente la depresión, y los trastornos de personalidad, las conductas adictivas, el desarraigo social o soledad, acontecimientos vitales estresantes y la enfermedad crónica que carrera con dolor, pero -y por eso resulta muy difícil su detección- un gran porcentaje muy elevado de suicidios no son debidos a ninguno de estos factores, ni siquiera a ninguna causa concreta, muchos son consecuencia de la combinación de varios factores sociológicos, culturales, biológicos, psiquiátricos y psicológicos.
Los pensamientos o ideaciones suicidas no siempre son verbalizados o aparecen como motivo la de la visita del psicólogo, sino que se manifiestan de diferente forma como comentarlo con personas próximas, llevar a cabo ciertos preparativos como arreglar documentación, cerrar asuntos pendientes, hacer testamento, regalar objetos o bienes, llamar a gente para despedirse.
Otras señales son manifestar que se sienten solos, aislados e incapaces de soportarlo por más tiempo, perder interés por las aficiones, amigos, familia… En último lugar, se puede observar también un cambio brusco en su estado de ánimo, que pasa de estar muy deprimido a una mejora inesperada, y un cambio también repentino de su conducta, ya sea para volverse más irascible y/o imprudente, como presentar una tranquilidad y calma repentina tras gran agitación. En algunas ocasiones se puede observar también algún tipo de autolesiones.
Una de las hipótesis es que tendría que aparecer de un estresor junto a la carencia de recursos propios para poder enfrentarse.
Para acabar, un apunte sobre algunos de los falsos mitos y prejuicios sobre el suicidio.
No es cierto que la persona que dice que lo hará no lo hace. De cada diez personas que se suicidan, ocho han avisado de forma clara sus intenciones y han dado pistas sobre el que querían hacer.
No es cierto que aquel que se suicida estaba completamente decidido a hacerlo.
El suicidio “no viene de familia”, sino que está influenciado por factores individuales y ambientales, y afecta a todas las clases y estatus sociales.
Aunque quién lo intenta se siente extremadamente infeliz, no tiene que ser necesariamente un desequilibrado mental.
Una mejora después de una crisis suicida no quiere decir que el riesgo haya desaparecido. Muchos suicidios se consuman durante los tres meses posteriores a la mejora, cuando el sujeto se encuentra con más fuerzas para llevar a cabo sus ideaciones.
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