Aunque desde los anales de la historia con las drogas se busca obtener un mayor placer, lo cierto es que los estudios científicos advierten que más bien son enemigas de la respuesta sexual. Vamos a ver cómo afectan seis sustancias que, erróneamente, creemos afrodisíacas.
Alcohol
Aunque nos desinhibe y altera nuestro comportamiento habitual como la pérdida de control de algunas emociones que, cultural y socialmente, hemos aprendido a controlar, y que con las primeras copas exista un incremento temporal de la libido, posteriormente la erección y eyaculación se deterioran. Así pues, aunque facilite la exposición del impulso sexual, es un depresor que inhibe partes del sistema nervioso autónomo implicadas en la erección, dificulta el orgasmo y disminuye el placer sexual en ambos sexos.
Tabaco
Los efectos de la nicotina y el alquitrán no se presentan hasta los 30 años. Como es bien sabido, el tabaco afecta al sistema circulatorio y, una buena irrigación sanguínea es esencial para un correcto funcionamiento sexual. Cuando el sistema circulatorio se ve afectado, se puede producir disfunción eréctil en el hombre y problemas de lubricación y orgasmo en la mujer. Además, a medio plazo, se produce una pérdida sensorial generalizada. La del olfato o el gusto son más conocidas, pero también afecta al tacto y, por consiguiente, a las relaciones sexuales.
Derivados del cannabis: marihuana y hachís
Aparte de que su consumo habitual produce efectos negativos en la fertilidad, se ha evidenciado que existe una disminución de la lubricación vaginal que puede provocar un coito doloroso.
Opiáceos: heroína, morfina…
Tanto la heroína como la morfina son utilizados como analgésicos, aunque el poder de la heroína puede llegar a ser hasta ocho veces más potente que la morfina. Por otro lado, para que podáis haceros una idea de lo nocivo que pueden llegar a ser, sexualmente hablando, decir que se utilizan por los adictos como sustituto de la actividad sexual porque, su principal efecto en este campo es la disminución de la respuesta sexual y dificultad para sentir orgasmos e, incluso, su total inhibición. Por otro lado, también son responsables de la disfunción sexual.
Anfetaminas / éxtasis
El éxtasis es la anfetamina más utilizada. Provocan euforia y desinhibición, y desde el punto de vista sexual, pese a generar un aparente aumento del deseo, dificultan las fases de la respuesta sexual. En la mujer dificultan la excitación y producen problemas para alcanzar el orgasmo. En el hombre provocan dificultad para mantener la erección y producen retraso en la eyaculación.
Cocaína / crack
Finalizados sus efectos eufóricos puede producir un deterioro del sistema nervioso central que provocarían una disminución de la función sexual. Aunque la cocaína se considerada un fuerte estimulante sexual, también puede disfunción eréctil, erecciones dolorosas, y una importante pérdida del deseo sexual. Y, por cierto, la creencia de que frotar el clítoris o el glande del pene con cocaína aumenta la sensibilidad y excitación sexual es totalmente falsa: la cocaína es un potente analgésico local.
En definitiva: las drogas no incrementan el deseo sexual. ¡El mejor afrodisíaco es nuestro cerebro!