Tanto en adultos como niños, solo hay tres razones por las que se miente: evitar un “castigo”, ganar un “premio” o creernos lo que no somos.
Evitar un castigo puede ser desde no tener que oír lo que no tenemos ganas de oír, como salir de problemas o intentar salir de una reprimenda por faltas cometidas hasta, en el caso de la infancia, evitar quedarse aquel día sin su estimada PSP. Ganar un premio puede considerarse desde comprar los cromos que le habían sido prometidos, hasta evitar tener que cumplir con obligaciones como tareas las escolares o del hogar, el simple placer de meter en problemas a sus hermanos o amigos, o recibir una felicitación. En último lugar, creerse lo que no se es, puede ir desde hacer creer que se tiene cosas que no se tiene para sentirse importante o compensar sus sentimientos de desigualdad, como hacer ver que se tiene más atenciones de las que se tiene para intentar convencer a sí mismo que es estimado. Sea como fuere, siempre se englobará dentro de alguna de las tres razones expuestas.
Un niño mentiroso tiende a distorsionar la realidad. Muchas veces la exageración excesiva o la negación de un hecho son frutos de la mentira. No debemos olvidar que ocultar una verdad también es una forma de mentir.
En la infancia, las mentiras suelen estar más relacionadas con la fantasía e imaginación, sin ningún tipo de intención, pero es importante hacerles entender la diferencia entre realidad y ficción, para evitar que se convierta en una herramienta que utilicen con frecuencia. Siempre es preferible detener este comportamiento de manera temprana, que enfrentar la alternativa de bregar con un adolescente mentiroso.
Para evitar las mentiras, podemos seguir los siguientes consejos:
• Ser un ejemplo para ellos y no recurrir ni siquiera a mentiras inocentes. Si escuchan los padres mintiendo, estamos dando un mal ejemplo.
• Explicar al niño los efectos en cadena de las mentiras y sus repercusiones devastadoras.
• Demostrarles a los niños que son valorados y estimados en todo momento y que no es necesario exagerar o mentir para ser estimados.
• Hacerles sentir siempre que aunque reciban un castigo por sus actos el afecto no cambia.
• Ser firme y demostrarles que mentir es inaceptable. No se les puede dejar pasar ni una mentira porque al justificar una, estamos enviando mensajes contradictorios al niño. Es casi como si le estuviéramos dando permiso para hacerlo.
• Enfatizar que siempre hay consecuencias de sus actos.
• Enseñarle el valor de la verdad: a veces una mentira puede causar mucho daño, en cambio decir la verdad se premia. La desconfianza después de las mentiras implica que en algún momento nadie crea en sus palabras.